Una de las discusiones que están en boca de muchos tiene relación con la movilidad del puesto de trabajo y la interacción digital. Los avances tecnológicos hacen posible llevar el trabajo a cualquier parte y desaparece la necesidad de desplazarse a la oficina para ser productivo. Soluciones como la virtualización de escritorios, las videoconferencias, herramientas de mensajería instantánea, las redes sociales y el famoso cloud (en boca de todos) hacen pensar en una nueva dimensión para las relaciones humanas, que como años atrás versó un sabio, podrían ahora ser categorizadas como “relaciones cibernéticas humanas”, relaciones digitales.
No solo las soluciones anteriormente mencionadas son el último grito, sino que la anarquía en TI parece que llega a su máxima expresión con la aparición de tendencias como BYOD (bring your own device), animando al ejecutivo/trabajador a usar cualquiera de sus terminales para el empeño de sus tareas. Esto es posible gracias a (o por culpa de) estos terminales dotados de conexión a internet más rápida que muchos de los routers que tuvimos en nuestras casas, los smartphones. A estos cacharros se les puede entregar aplicaciones y funcionalidades desde “el cloud”, es decir, aplicaciones o escritorios completos que, sin estar instalados en su sistema operativo, pueden correr en cualquier plataforma y dispositivo.
Toda esta interacción digital tiene muy y mucho de positivo, muchísimas ventajas, pero a su vez acarrea grandes inconvenientes que de no ser tenidos en cuenta habrá que sufrir tarde o temprano. Hablar de las bondades cuando grandes nombres lo han hecho no tendría mucho mérito, por lo que me centraré en aquello que algunos pasan por alto.
Promoviendo la pérdida de las relaciones face-to-face en las empresas con el ahorro como excusa, eliminamos la parte humana de la interacción con las demás personas en el campo profesional, volviéndonos estúpidos, insoportables. Es por todos conocido que un SMS para acabar una relación es “feo”, sin embargo sigue sucediendo. El mal uso de las nuevas tecnologías hace fuerte al cobarde y miserable al exigente, pudiendo ser interpretadas las palabras de tantas formas como lectores tengan. Soy un amante del mundo 2.0 y considero que las redes sociales son geniales, pero deben ser un complemento del tejido humano que les da sentido.
Puede que me acuses de caer en la más detestable demagogia, pero un ingeniero antiguo estudiante de música clásica no puede desaprovechar esta ocasión.
Cerrar la puerta al con-tacto es peligroso. Estamos perdiendo la oportunidad de interactuar de un modo real, usando aquellos cinco sentidos mencionados en algunos cuentos. Interactuar con el mundo que nos rodea, conocer aquella persona capaz de dar un giro a nuestras vidas, saludar a el/la vecino/a del departamento contiguo, dar la oportunidad de que se percaten de nuestro nuevo corte de pelo, compartir el último fin de semana en la hora del café sin una pantalla de por medio, discutir sin teclear y sin hablar a un micrófono…
Todo esto me hace pensar en la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz. Este nos cuenta un mundo en el que las relaciones interpersonales caen en el olvido, sexo incluido.
Por el bien de todos: Interacción digital con moderación, es tu responsabilidad.




