moving
Mover el esqueleto, animarse y embarcarse en alguna que otra aventura, viajar por conocer y explorar o simplemente para huir. Dicen que desplazarse es lo que más desgasta en la vida. Los hay que por comodidad buscan empleo cerca de su hogar, el gimnasio, la universidad y el buen restaurante, sin embargo el viaje en sí mismo es una excusa y oportunidad para poner ritmo a nuestras vidas, leer, reflexionar, analizar, explorar, conocer y descubrir. A veces cuanto más cerca te encuentres de aquello que andas buscando, más tardas en encontrarlo.
Es frecuente quejarse del funcionamiento de trenes, metros, buses, aviones, bicing(cletas) y demás convoyes. Son caóticos. ¿Cuántos de nosotros no hemos soñado con “la puerta mágica” teletransportadora de Doraemon, el cambio instantáneo de lugar de Son Goku, la supervelocidad de Flash Gordon, el teletransporte de Hero Nakamura o cualquier sucedáneo que nos absuelva del desplazamiento rutinario, o aquél necesario para un viaje como Dios manda? Tal vez aniquilaríamos aquella esencia que solo los malos vehículos o los grandes trayectos nos pueden aportar. Anécdotas, decisiones, amores, reflexiones, juegos absurdos y personajes pintorescos aguardan ser encontrados en travesías singulares o habituales…
Anduve lo desandado, caminé aquello caminado, conduje lo conducido y siempre hubo una sensación o un paraje que pasó desapercibido. Caminar o conducir, ser transportado o transportar, parar y observar. Parar y viajar, parar y descubrir instantes, situaciones que forman parte de nuestra esencia que aunque ni reparemos en ellas, siempre algo queda.
